Posteado por: joseluisp | 18 mayo 2009

Midiendo la felicidad

 Felicidad - Gaugin2

Desde nuestros días de estudiante, los economistas tendemos a vigilar el comportamiento que experimentan cuatro variables importantes para la economía de cualquier nación: el nivel de desempleo, el precio del dinero, el comportamiento de la inflación y la producción de bienes y servicios.

Para estudiar la última variable se agregan todos los bienes y servicios producidos en nuestra economía, se cualcula su precio de mercado y se suman para obtener una familia de indicadores de la que sus miembros más conocidos son el PIB, el PNB, la Renta Nacional o el Producto Nacional Neto. Las diferencias entre estas distinciones corresponden a correcciones estadísticas que nos permitan eliminar, entre otros, el impacto de las depreciaciones, de los impuestos y transferencias del estado, la nacionalidad de los factores de producción o el desglose de las rentas obtenidas.

¿Adonde nos lleva conocer la suma de todo lo que se ha producido en nuestro país? Una de sus lecturas, quizás la más frecuente, es su comportamiento en el tiempo. Cuando la producción crece a lo largo de los años podemos hablar de un ciclo expansivo en nuestra economía que además conllevará una creación de empleo. Lógicamente, cuando disminuye la producción de bienes servicios de una forma sostenida, hablamos de un ciclo recesivo. Una crisis en la que se está produciendo una destrucción de empleo.

Aunque la economía mantiene este comportamiento cíclico a lo largo del tiempo, lo cierto es que a largo plazo esta tendencia se desarrolla dentro de una línea ascendente, por lo que podemos decir que a largo plazo producimos cada vez más bienes y servicios. ¿Significa esto que somos más felices? Algunas personas consideran que el desarrollo económico corresponde a un crecimiento económico sostenido, por lo que a mayor producción de bienes y servicios se produce un mayor bienestar de las personas.

Sin embargo la mera producción de bienes y servicios no es siempre un buen indicador de la felicidad. Piense por ejemplo en una economía en guerra, o una economía que se está recostruyendo de una gran catástrofe: los elevadas tasas de crecimiento del PIB no se corresponden con un mayor bienestar por parte de sus ciudadanos.

Otras críticas a este razonamiento son aquéllas que inciden en la existencia de algunas actividades económicas que no están incluidas, como la economía sumergida, o que no se pueden evaluar a precios de mercado, como el sector público. Finalmente, muchas voces insisten en que en el cálculo no estamos contabilizando la destrucción medioambiental que realizamos para producir todos esos bienes.

A lo largo de estos días he podido leer dos noticias al respecto. La primera hace referencia a las nuevas normas de contabilidad nacional europea que se pondrán en marcha en los años 2011 y 2012. Entre las 44 correcciones que se harán sobre las normas actuales figura la introducción de actividades de economía sumergida. Curiosamente, los gobiernos deberán introducir en sus cálculos ajustes para estimar la producción de bienes y servicios tales como la prostitución o el narcotráfico. Será interesante ver cómo nuestras estadísticas oficiales admiten y calculan que una parte de la economía del país está fuera de la legalidad.

La segunda noticia me la envió el genial Gabriel Cruise. Se trata del interés del Reino de Buthán por medir la Felicidad Nacional Bruta como alternativa al Producto Nacional Bruto. Las autoridades de este pequeño reino del Himalaya quieren priorizar los programas del gobierno no por su rendimiento económico sino por su impacto sobre la felicidad nacional.

Para ello se ha desarrollado un modelo que desglosa la felicidad en un conjunto de nueve dimensiones: nuestro bienestar psicológico, el empleo que hacemos de nuestro tiempo, las relaciones entre los ciudadamos, la diversidad cultural, la salud, la educación, la diversidad ecológica, el nivel de vida y el buen gobierno.

Como todos sabíamos, la felicidad y el bienestar, son fenómenos cualitativos y no cuantitativos. Difícilmente se pueden medir mediante el incremento sostenido del PIB, pues debemos contemplar muchos otros factores. La alfabetización, la escolarización, el respeto a los derechos humanos, la protección del medio ambiente, el acceso a la atención médica, el reparto de la riqueza y una lista interminable de elementos son los que contribuyen a que podamos vivir mejor. Reducirlo todo a un indicador económico es una tarea que a los economistas nos resulta prácticamente imposible.

Anuncios

Responses

  1. […] Hoy en día poseemos todo el acervo de inteligencia y tecnología que necesitamos para para migrar hacia economías más sostenibles. Y también la visión, pues cada vez son más las economías y las personas que están sensibilizadas en medir la calidad de vida por encima de otros parámetros económicos como ya vimos en un artículo reciente. […]


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: