Posteado por: joseluisp | 21 mayo 2009

Equivocarnos

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Cómo es una persona que nunca se equivoca?

Esta es una pregunta que suelo hacer en mis cursos sobre habilidades directivas. A partir de la pregunta, los asistentes suelen coincidir en el retrato robot de una persona que construye barreras y máscaras para esconder sus errores o, lo que es peor, para atribuírselos a otras personas o factores externos a él.

Pero lo más interesante de esta persona es el miedo. No sólo el miedo a que salga a la luz el archivo histórico de errores cometidos en el pasado, sino el miedo a cometer en el futuro una equivocación que, según él, le mostrará vulnerable a los ojos de los demás. El resultado de estos miedos es una parálisis que le impedirá a nuestro amigo arriesgar o innovar, pues la innovación y el riesgo le acercarían a territorios que están fuera de su control y le harían cometer errores y equivociones que pondrían en evidencia esta vulnerabilidad.

Cuando proyectamos esta idea al mundo profesional nos encontramos con organizaciones donde el error está perseguido y penalizado. Es muy fácil reconocerlas: las personas no comparten sus tareas, pues temen mostrarse vulnerables, y esconden los errores debajo de la alfombra. Cualquier problema que se produzca pondrá en marcha una caza de brujas en la que todos competirán por demostrar su inocencia y por desviar la atención del cazador hacia otra persona o departamento al que se le pueda imputar como presunto culpable.

Plantear la posibilidad de que en estas empresas aparezca la creatividad, la innovación o el desarrollo de las personas es poco realista. Lo más probable es que tienda a crearse una estructura burocrática basada en cumplimiento estricto de las funciones de cada persona. Cualquier persona interesada en todo lo demás no tendrá más remedio que escapar a otras organizaciones donde sí se de mayor espacio a la innovación. Despúes de todo, ya sabemos que el talento es un recurso muy volátil, y que se escapa de unas organizaciones a otras que sepan cultivarlo y fidelizarlo.

Trabajé durante muchos años en consultoría de calidad. Es fascinante ver cómo las organizaciones pueden utilizar los errores (en el mundo de la calidad se llaman no conformidades) en oportunidades para la mejora continua y el desarrollo de la organización. Desde las normas ISO-9000 hasta el Modelo de Excelencia EFQM existen diferentes recetas para implantar esta forma de hacer empresa. Se trata de implantar una filosofía que considera el error una información impagable que nos indica en qué dirección debemos dirigirnos a la hora de innovar, de desarrollar soluciones para corregir y prevenir disfunciones, de construir una organización más robusta.

Y la idea no es exclusiva del mundo de la calidad. Aparece en las learning organizations de Peter Senge, en los gurúes actuales de la Innovación y de la Gestión del Talento, y en muchas corrientes que apuntan a un nuevo tipo de organización en el que las personas cuentan con un entorno donde pueden aprender e innovar en la dirección que les permita crecer como personas y cómo empresas. Aunque para ello tengan que cometer errores.

Sólo una última aclaración. Equivocarse es un derecho, no un deber. Es sano tolerar el error cuando las personas aprenden del mismo, cuando el error es una señal que les ayuda a construir soluciones preventivas y correctoras. Si los errores son reiterativos y persistentes, probablemente no se está produciendo un aprendizaje real, por lo que tendremos qué evaluar qué podemos hacer mejor.

Y hablando de errores quisiera refrescar la idea de uno de los anteriores posts. En coaching no existen culpables, pues en el mundo de las organizaciones los fenómenos son relativamente complejos. Cualquier disfunción es el resultado de una cadena de errores en la que han contribuído diferentes personas y/o departamentos. Reducirlo todo a los conceptos culpa y culpable puede resultar poco realista y poco constructivo a la hora de buscar soluciones.

Y ahora, …a equivocarnos!!

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Responses

  1. muy interesante el post.

    En mi opinión, en la potenciación de la innovación quizás no haya que llegar al punto de premiar la cantidad de errores (aunque no es algo descabellado, pues solo se equivoca aquel que arriesga), pero quizás haya que penalizar la falta de propuestas.

    • Gracias por tu comentario. Bienvenido
      Me parece muy interesante penalizar la falta de propuestas.
      Lo que me pregunto es cual sería la calidad de una innovación que está motivada por el deseo de evitar un castigo
      Saludos


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