Posteado por: joseluisp | 1 junio 2009

Impostores

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¿Es posible sentirse infeliz a pesar de tener éxito?

La imagen que tenemos sobre nosotros mismos puede ayudarnos a conseguir nuestros objetivos, o a alejarnos de ellos.

Es muy común que muchas personas a lo largo de su vida atribuyan sus éxitos no a su valía ni a su esfuerzo, sino al mero hecho de que tuvieron la suerte de estar en el lugar adecudado y en el momento adecuado.

Así, un estudiante consigue matricularse sin esfuerzo en una universidad a la que es difícil acceder, hecho que atribuye a la suerte. Cuando accede al mercado de trabajo consigue un buen empleo, pero él considera que no tiene aptitudes para el puesto y que simplemente consiguió engañar en el proceso de selección. Finalmente, cuando es promocionado a un gran puesto de dirección tampoco lo considera el resultado de la preparación que ha obtenido a lo largo de su carrera, simplemente fue la antigüedad la que motivó el ascenso.

Muchas personas no consideran que su éxito se deba a su valía personal o profesional ni al esfuerzo realizado, sino que éste se debe a sus contactos o a la suerte que tuvieron en un momento determinado. Los razonamientos que genera esta creencia son muy interesantes: “no soy tan bueno o tan inteligente como creen los demás” o “soy un fraude, y en algún momento me descubrirán y quedaré expuesto tal como creo que soy”.

A esta situación la llamamos el síndrome del impostor. Es común encontrarlo tanto en directivos como también en empresarios que han tenido éxito en sus negocios, en políticos que experimentan la soledad del cargo, o incluso en personas que consideran que no se merecen ser felices ni en la vida ni la familia que han construido. Estas personas viven con una imagen personal que no reconoce ni acepta sus logros, su valía, o su capacidad de alcanzar las metas personales y profesionales que se proponga.

Nuestros impostores no sólo tienen miedo a disfrutar de los éxitos que han obtenido a lo largo de su vida, además suelen poner frenos incoscientes a su carrera, pues consideran que no merecen progresar. También tienen miedo a ser descubiertos y desenmascarados, pues esto haría que su incompetencia quedase expuesta ante los demás. En un estudio realizado en Estados Unidos, se encontró que entre la mitad y las dos terceras partes de los estudiantes universitarios sufren del síndrome del impostor.

En el ejercicio del coaching encontramos a muchas personas que viven con esta creencia detrás de sus conflictos, de sus miedos, de sus bloqueos y de sus relaciones. Nuestro trabajo consiste en acompañarles a descubrir que no existe ningún fundamento detrás de esta creencia, y a percibir que sus logros son el resultado y la recompensa de una serie de esfuerzos, y que debemos saber disfrutar y sentirnos orgullosos de ellos.

Phillips

Notas

Una muy buena descripción del Síndrome del Impostor es la que aparece en el Tomo 3 de Metamanagement, la excelente obra de Fredy Kofman. Esta trilogía se encuentra publicada en castellano por Ediciones Granica.

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