Posteado por: joseluisp | 10 septiembre 2009

Equipos

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Un empresario de Sevilla me confesaba recientemente su decepción respecto al trabajo en equipo, pues el esfuerzo que dedica a que las personas trabajen conjuntamente no se ve correspondido con un incremento de los resultados.

¿Es el trabajo en equipo una panacea? La Real Academia de la Lengua Española, define un equipo como un grupo de personas organizado para una investigación o servicio determinado. Sin embargo en el mundo profesional un equipo es algo más que un grupo de personas.

Para trabajar en equipo no sólo necesitamos un grupo de personas sino también un propósito común y, sobre todo, una forma de trabajar y cooperar dirigidas a obtener un resultado superior al que alcanzarían la suma de los resultados de cada persona. El milagro del trabajo en equipo sólo se produce cuando sus miembros se comprometen para alcanzar objetivos comunes, cuando complementan sus habilidades, cuando trabajan bien juntos y cuando disfrutan haciéndolo. Sólo así podremos conseguir resultados de calidad.

Para ello es fundamental nuestra forma de ejercer el liderazgo. Es cierto que la formación, el coaching, o las actividades de teambuilding pueden ser una gran ayuda. Pero para convertir a un grupo de personas en un equipo de alto rendimiento es fundamental una persona que lidere este proceso.

Cuando un grupo de personas no funciona como un equipo, sus miembros no utilizan sus habilidades y sus competencias para complementarse. Por el contrario, actúan como adversarios o como desconocidos que intentan evitar conflictos. En este entorno reina la cultura de la culpa, la diversidad de opiniones no está bien vista y, por supuesto, desparecen las posibilidades de creatividad e innovación dentro del grupo.

Es nuestra capacidad de liderar lo que nos permite construir un equipo a partir de un grupo de personas, en un espacio donde se trabaja para alcanzar unas metas consensuadas y compartidas a través del compromiso.

En un equipo, los roles de sus miembros se complementan, las decisiones se comparten y la diversidad de opiniones se utiliza como un recurso orientado a la creatividad, a la innovación, a la creación de escenarios donde ninguno de sus miembros podría llegar en solitario haciendo uso de sus competencias.

Cuando el equipo se pone en marcha, liderar es acompañar al grupo en el proceso de convertirse en un equipo. Una vez llegado a este punto, liderar es acompañar al equipo en el proceso de convertirse en un equipo de alto rendimiento. Para ello debemos adaptar nuestra forma de liderar a las diferentes necesidades de liderazgo que tiene el equipo en cada una de las fases que atraviesa.

Considerar que un grupo de personas, por el mero hecho de trabajar juntas, puede generar un equipo de personas cohesionado, comprometido con sus metas y motivado para conseguir resultados extraordinarios puede ser poco realista. Podemos delegar en las personas cuando consideramos que tienen la cualificación y motivación necesarias, pero nunca abdicar de nuestras responsabidades.

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