Posteado por: joseluisp | 26 octubre 2009

La fiebre de la cima

 Jack Bybee - The Veldt

Todos los montañeros conocen y temen a la fiebre de la cima, un mal tan peligroso como cualquiera de las adversidades a las que se puede enfrentar una expedición. Conforme nos acercamos a la cumbre de la montaña, más cerca nos encontramos de alcanzar nuestro objetivo. Sin embargo, en este momento, nuestro mayor enemigo es la ceguera y la obstinación. La fiebre de la cima es el impulso irracional que tenemos de llegar a la cumbre a pesar de que las posibilidades de un retorno seguro sean nulas.

El deseo de alcanzar nuestro objetivo a toda costa nos puede desconectar de los medios y de las formas que empleamos para ello, y esto no sólo sucede en el mundo de la alta montaña. Les sucede a los profesionales que trabajan contra reloj para entregar un proyecto en un plazo determinado, también a aquellos que deben cumplir un objetivo o alcanzar una cifra de ventas, y a los políticos que necesitan un determinado número de apoyos o votos. Todos saben lo que significa la fiebre de la cima: ceder a la presión e intentar a alcanzar el objetivo a cualquier medio.

El elemento clave en todas estas situaciones es evidente: la presión por conseguir un resultado. Tanto si esta presión nos la hemos creado nosotros, como si esta nos viene impuesta por nuestros superiores, es posible que nos aferremos al resultado sin reparar en el proceso. Así, nos encontramos con personas orientadas a resultados y personas orientadas a procesos.

Cuando nos orientamos exclusivamente al resultado olvidamos los procesos y los mecanismos que utilizamos para conseguirlos. Y esto puede ser contraproducente porque a veces la presión, en vez de motivarnos y ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos nos paraliza o distorsiona nuestro desempeño alejándonos de nuestras metas. En otras ocasiones es tan importante la presión por lograr el objetivo que estamos dispuestos a alcanzarlo a cualquier precio.

Keith Rosen, considera que contraponer la orientación al resultado respecto a la orientación al proceso es un falso dilema, pues proceso y resultado están unidos. De hecho no trabajamos para alcanzar un resultado, sino que ejecutamos un proceso realizando una serie de tareas para conseguir un resultado como efecto natural de este proceso.

La presión sobre nuestro trabajo no siempre es un estímulo postivo, tanto si hablamos de plazos, como de ventas, como de apoyos políticos. Los estudios muestran que determinadas dosis de presión y estrés pueden ser positivas, pues nos ayudan y nos estimulan para alcanzar nuestras metas. Sin embargo, una vez superado un determinado umbral, la presión se vuelve contra nosotros, pues el estrés que genera paraliza o distrosiona nuestra capacidad de realizar aquellas tareas que nos llevan a alcanzar nuestros resultados.

¿Qué podemos hacer desde el coaching? acompañar a los profesionales a reflexionar sobre cuál es su percepción respecto a esta presión. También podemos acompañarles a las creencias que hay alrededor de esta percepción y que les impiden conseguir sus metas.

Desmontar estas creencias nos ayuda a conectar mejor con nuestros objetivos y con el trabajo que debemos desarrollar para alcanzarlos. Algo fundamental en un mundo en el que la presión por llegar a la cumbre nos hace desconectar de los medios que empleamos para lograrlo. Las montañas están llenas de expediciones que se dirigen a la cima. Sin embargo los exploradores están sometidos a tanta presión que están dispuestos a llegar a cualquier precio.

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