Posteado por: joseluisp | 26 noviembre 2009

Estresores

¿En qué consiste el estrés? ¿es una enfermedad? ¿una emoción? ¿una respuesta natural? ¿o tal vez una patología? Casi todos conocemos sus síntomas, al menos los más generales: la sensación de ahogo, la ansiedad y la falta de concentración, la irritabilidad y la necesidad de defensa, o la rigidez muscular.

A las situaciones que disparan el estrés las llamamos estresores. Es interesante conocerlas porque nos ayudan a conocernos en la medida que respondemos a ellas. En este sentido los expertos agrupan los factores que desencadenan el estrés en ocho categorías diferentes. Algunas de ellas son evidentes, pues nos enfrentamos a ellas todos los días. Así sucede con las situaciones que nos obligan a procesar la información rápidamente, con las percepciones de amenaza, con los bloqueos en nuestros intereses, con la presión grupal o con la frustración. También disparan el estrés aquellas situaciones en las que se aparecen estímulos ambientales dañinos, o en las que nos sentimos aislados o confinados. Finalmente, determinadas enfermedades o adicciones pueden disparar nuestro estrés en la medida que alteran nuestras funciones fisiológicas.

Lo interesante de estas situaciones es que cada uno de nosotros producimos una cantidad diferente de estrés ante cada una de ellas. Es decir, la respuesta emocional ante un estresor determinado varía de una persona a otra. Así, vemos como alguna personas presentan una elevada resistencia al estrés mientras que, sin embargo, otras presentan una respuesta emocional excesiva.

La diferencia se encuentra en nuestras creencias, en nuestra froma de percibir e interpretar la realidad. Las personas que observan el mundo desde el dominio y la confianza poseen una resistencia mayor respecto a quienes lo perciben desde la desconfianza o desde la falta de capacidad de acción.

Obviamente, la alimentación, el ejercicio, el descanso, las prácticas de relajación, o el prescindir del alcohol y del tabaco nos ayudan a combatir el estrés. Sin embargo, tan poderosas como estas medidas son todas aquellas que realicemos para revisar nuestras creencias en torno a nuestra eficacia, a nuestra capacidad de acción, a nuestra fortaleza y a nuestro optimismo. En estas creencias está la clave que nos ayuda a percibir si una situación es una amenaza a nuestro bienestar o si, por el contrario, tenemos los suficientes recursos para enfrentarnos ella.

Trabajar estas creencias no sólo es un proceso que consiste en aprender. También requiere desaprender cosas que ya no nos sirven, reinventarnos e innovar sobre nostros mismos. Es un camino que emprendemos al objeto de transformarnos. Si quieres. 

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