Posteado por: joseluisp | 19 diciembre 2009

Cisnes negros

Durante siglos el cisne negro se utilizó en Europa como una metáfora acerca de algo que no existía. Como nadie había visto nunca ninguno, el cisne negro se convirtió en una de esas expresiones que utilizamos cuando nos referimos a cosas extremadamente raras o imposibles de encontrar. Algo así como las ranas con pelo, los mirlos blancos o los perros verdes.

Un buen día del año 1697, el explorador Holandés Willem de Vlamingh tuvo un hallazgo muy interesante cuando navegaba por el río Swan en la Costa Oeste de Australia: un cisne negro. Su descubrimiento tuvo un impacto enorme en Europa, donde la expresión “todos los cisnes son blancos” se utilizaba para indicar aquellas verdades que son conocidas, evidentes y compartidas por todas las personas.

La historia del cisne negro es fascinante porque nos recuerda cómo las creencias que desarrollamos a partir de la observación de la realidad no siempre están fundamentadas. El cisne negro, con su rareza, desafía nuestra forma de pensar pues, sólo con el hecho de existir desmonta todo nuestro pensamiento y nuestra forma de entender el mundo.

El matemático Nassim Nicholas Taleb utiliza el término cisne negro para designar a aquellos eventos impredecibles que tienen un gran impacto sobre la sociedad. Este tipo de eventos están fuera de nuestras expectativas normales. No obstante, cuando suceden, es fácil apreciar su predictibilidad de forma retrospectiva. Piense en fenómenos como Google, el 11 de septiembre o la recesión económica actual. Todos estos sucesos son cisnes negros y nos desconciertan por lo difícil que fue predecirlos, por su impacto sobre nosotros y por su fascinante rareza. 

El cisne negro cuestiona nuestra forma de pensar, pues nos muestra que sólo tenemos en cuenta los datos que observamos y que ignoramos aquellos que desconocemos. También nos enseña las limitaciones de los modelos que empleamos para entender la sociedad en qué vivimos, en la medida de que estos son útiles desde el punto de vista prescriptivo pero inútiles como herramientas predictivas.

Los cisnes negros desafían nuestros plantemientos al recordarnos que cuando los construimos nos limitamos a reunir unas cuantas fuentes bien definidas de la incertidumbre. También pone en evidencia nuestra lógica, cuando nos recuerdan que lo que vemos no es necesariamente todo lo que existe.

El cisne negro es el enemigo de nuestra arrogancia. Su mera existencia desmonta nuestras creencias y nos conecta con lo que no sabemos y con nuestra relación con el no saber.

Cuando se encuentre con el próximo cisne negro, hágalo desde la humildad, no se aferre a su forma de pensar. Es mejor ponerla a cero.

NOTAS:

El Cisne Negro está publicado por Nassim Nicholas Taleb en la Editorial Paidós 

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