Posteado por: joseluisp | 30 marzo 2011

La hoja de ruta del diálogo

Vivimos en la conversación. Todas nuestras relaciones personales, familiares y profesionales están construidas a partir de ella. Nuestro presente es el resultado de las conversaciones que mantuvimos en el pasado. Nuestros escenarios futuros se están definiendo según las conversaciones que estamos manteniendo hoy.

Entramos en la conversación desde la participación y desde la escucha, abriéndonos a una danza desde la que recibimos ideas. Algunas nos parecen relevantes mientras que a otras no les damos ninguna importancia. Concentramos nuestra atención en aquellas que consideramos que la tienen. Seleccionamos y procesamos toda la información que se genera en el diálogo. Les ponemos etiqueta según cuáles nos gustan y cuáles no.

Hasta que llega un momento en que tomamos una decisión: defender o suspender.

Cuando vivimos la conversación desde la defensa la reducimos a un juego en el que nos limitamos a defender nuestras ideas frente a las de los demás. Tomamos una posición basada en que nosotros tenemos la razón y ellos no. Nuestra forma de actuar es similar a la de cualquier persona que necesita defenderse y protegerse de un ataque.

Una posición defensiva pura es la de aquél que defiende algo desde el firme propósito de que no está dispuesto a admitir que está equivocado. En esta situación no espere un intercambio de ideas, no espere tampoco la creatividad y la innovación que surge cuando varias personas se sientan a pensar juntas. El único resultado que tendremos es el debate: una discusión controlada entre personas que defienden puntos de vista diferentes y que compiten para demostrar cuál de ellos tienen la razón.

Es posible que las personas vayan a la conversación a defender sus puntos de vista pero con la suficiente apertura para revisarlos. Si albergamos la posibilidad de que los demás nos pueden ayudar a enriquecer y mejorar nuestro punto de vista la conversación puede tener un resultado más creativo: un proceso dialéctico en que los diferentes argumentos se van mejorando conforme las personas hacen un ejercicio de pensamiento colectivo.

La alternativa a una posición defensiva es la de suspender nuestras creencias y nuestros puntos de vista. Cuando vamos a la conversación desde una posición de suspensión renunciamos al control y permanecemos abiertos a pensar juntos, a crear nuevas ideas y soluciones que no existían en el momento en que comenzamos el diálogo.

Desde la suspensión dejamos de identificarnos con nuestras creencias. Cuando estamos libres de ellas podemos escuchar sin resistencias ni filtros, explorar las creencias de los que no piensan como nosotros y definir aquellas preguntas que nos permiten enmarcar mejor los problemas a los que nos enfrentamos. Sólo a partir de la suspensión podemos pensar juntos, ser creativos e innovadores y generar posibilidades nunca antes exploradas.

Podemos elegir entre defender y suspender. Después de todo, para cambiar el mundo sólo se necesitan personas que se sienten a conversar, a pensar conjuntamente y a dialogar en torno a soluciones para aquellos asuntos que importan. Ya sea a nivel global, local, organizacional o personal sólo podemos conseguirlo si acudimos a la conversación renunciando a la defensa ciega de nuestros puntos de vista.

Tal vez merezca la pena

Notas

He utilizado en este artículo las ideas de William Isaacs sobre diálogo y conversación

Quisiera compartir con vosotros la síntesís que utilizo para mis talleres de Comunicación y Liderazgo Conversacional. La podeis descargar en el siguiente enlace

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Responses

  1. Hola José Luis,

    Claro que merece la pena, implícito está en todo esto que planteas la tolerancia, pero una tolerancia que debe ser activa no pasiva, para que se produzcan cambios en este mundo de tanta violencia, donde lo que impera es la falta de respeto al pluralismo, a la diversidad de opinión. Elegir suspender es abrirse con total sencillez y disposición a diálogos que resultarán enriquecedores para todas las partes.

    Gracias José Luis por este post.

    • Buenas noches, Esther
      Gracias por tu comentario. Totalmente de acuerdo: sin la tolerancia el diálogo se quedará ésteril. Somos tolerantes cuando renunciamos a defender nuestras posiciones y estamos abiertos a la posibilidad de que existan otros puntos de vista.
      Un abrazo

  2. Hola José Luis.
    Como sabes, la escuela que habitualmente sigo como guía es el análisis transaccional. Es una psicología que estudia la comunicación entre las personas. Desde el AT, tu post me sugiere varias cosas.
    Las comunicaciones son transacciones, intercambios. No sólo la mera información, sino que es frecuente que incluyan motivaciones ulteriores.
    Las posturas intrnasigentes, continuistas, de cerrazón y de mantenimiento de la opinión son las propias del Padre Crítico. En este caso, el Padre C. está en su postura “Yo estoy bien (que conozco la verdad), tú estás mal (que no tienes ni idea)”. A medida que se vaya produciendo la escalada, lo normal será que emplée juegos de Persecución, como el “Ya te tengo hijo de perra”, o incluso juegos de poder para manipular a los demás, como las mentiras o la falsa lógica.
    Si se produce esa apertura a nuevas ideas y propuestas, entonces entra en acción el Niño curioso, que quiere aprender, compartir y divertirse.
    Si es el Adulto el que empieza a evaluar la situación, empezará a buscar soluciones, apoyando y permitiendo la creatividad del Niño, y también las normas que son apropiadas del Padre, pero huyendo de las fantasías del primero y de los prejuicios del segundo.
    Por supuesto, merece la pena renunciar a esa defensa a ultranza tan propia del Padre Crítico.
    Enhorabuena José Luis, nuevamente atinas en asuntos claves que suelen pasar muy desapercibidos, y que tantísimas energías consumen con resultados improductivos.

    PD. Por si alguien tiene curiosidad por algo más sobre el AT, en Cartografía Emocional José Luis tiene unos post magníficos sobre el Padre Crítico, los estados del yo, y los juegos de poder y las manipulaciones.

    • Es genial, Agustín
      Podemos analizar el diálogo desde el marco de las decisiones que toman las personas a la hora de suspender sus posiciones o defenderlas, también podemos hacerlo desde las transacciones padre-adulto-niño y desde los juegos en que participan. También desde la teoría de sistemas o desde los actos del habla.
      El resultado no cambia
      Gracias por enriquecer
      Un abrazo


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