Posteado por: joseluisp | 27 julio 2011

Rescatadores

Actuamos como rescatadores cuando intentamos proteger a los demás, cuando nos sentimos en la obligación de cuidar de personas que deberían de cuidarse de sí mismas, con lo que les libramos de sus responsabilidades y les impedimos que tomen sus propias decisiones y encuentren su camino.

Sentimos el deseo de rescatar a los demás porque nos gusta sentirnos necesarios, porque vemos a los que nos rodean como personas indefensas e incapaces de cuidar de sí mismos o, simplemente, porque fuimos educados en la creencia de que hemos de hacer todo lo posible para que nuestros semejantes sean felices. Hay también personas incapaces de decir no, por lo que salen al rescate de los demás a la mínima insinuación. Incluso podemos encontrar a quien utiliza el rescate como un instrumento rentable, en la medida que los rescatados se quedan en deuda con su rescatador.

Gracias al rescate podemos crear mucha felicidad, pues es una actividad humanitaria con la que ayudamos a personas indefensas que necesitan alimentos, cuidados médicos o refugio. Muchas personas necesitan esta ayuda pues no pueden afrontar por sí mismas las situaciones o las injusticias a las que se ven sometidas. Sin embargo, cuando rescatamos a quienes no lo necesitan, el rescate genera una dinámica destructiva que perjudica tanto al rescatador como a la víctima, aquella persona a la que pretende ayudar y que se pone en manos de quien le pueda proteger y hacerse cargo de su vida.

El rescate no deseado no tarda en destruir la iniciativa y el poder personal de la víctima, que terminará albergando sentimientos de dependencia, indefensión o egoísmo. Las emociones de ira y resentimiento también se disparan en el rescatador, que descubre que está haciendo para los demás cosas que no le corresponden y que no quiere hacer. Toda esta ira, la del rescatador hacia la víctima o la de la víctima hacia el rescatador, acaba introduciendo un nuevo rol en la relación, el perseguidor, que dedica su comportamiento a juzgar, a criticar, a predicar y a castigar.

Rescatador, perseguidor y víctima, son los tres roles destructivos que Karpman identifica en los juegos en que participamos con nuestros semejantes. No son posiciones fijas, pues los roles se van alternando entre las diferentes personas que participan en el juego y éstas van sucesivamente pasando por las posiciones de víctima, a perseguidor y a rescatador.

No es fácil salir de este triángulo, pues cuando intentamos actuar de forma diferente acabamos cayendo en otro de los tres roles, pero un primer paso es reconcerlo. Si quiere romper el drama sólo tiene que dejar de rescatar, dejar de perseguir y dejar de ser víctima. Una vez que el triángulo está desmontado, pida disculpas e intente enmendar los errores.

Nuestro planeta, que es redondo y achatado por los polos, no necesita que usted sea un rescatador, ni un perseguidor, ni una víctima. Simplemente necesita que usted se quiera y que cuide de sí mismo a la vez que quiere y que cuida de los demás. Buena suerte.

Notas

Las distinciones rescatador, perseguidor y víctima, así como el triángulo dramático de Karpman se la debemos a Stephen Karman. Puede conseguir más información en el siguiente enlace.

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